domingo, 25 de febrero de 2018

Glaciares


Casquete polar ártico. 
Groenlandia está en la parte superior derecha.

El Casquete polar o capa de hielo, es la gran masa de hielo que cubre terrenos, islas y mares en altas latitudes, tanto en el Ártico como en la Antártida. Son el conjunto de glaciares que cubren un polo de la Tierra, o también de algún otro planeta como sucede en Marte, cuyos casquetes polares son de hielo seco.

Según se trate de la zona polar norte o sur, tenemos los siguientes casquetes polares:


Casquete polar antártico: Cubre el 98% de la Antártida y tiene un espesor promedio de 1,6 km.

Según se encuentre sobre áreas continentales u oceánicas, recibe las siguientes denominaciones:

Indlandsis: Son los grandes glaciares que cubren las áreas continentales e isla
Banquisa: Es la capa de hielo marino que se encuentra flotante en las regiones oceánicas polares.

Un indlandsis (en danés, «hielo interior») es una masa de hielo de gran espesor que cubre una región extensa de la superficie continental en las regiones polares de la Tierra. Se localizan en latitudes extremas con una extensión convencional de más de 50 000 km². En otros tiempos geológicos había un número mayor y cubrían una superficie más extensa, pero en la actualidad sólo cubren la Antártida y Groenlandia.

El término indlandsis se aplicó inicialmente a las zonas cubiertas por hielos permanentes de Groenlandia, Islandia y los archipiélagos árticos. En la actualidad, es usado por los geógrafos para referirse a todo campo de hielo de dimensiones continentales y que persiste durante siglos.

Los indlandsis poseen una forma cupular con una gran curvatura, independientemente del relieve que posea el sustrato en que están asentados. El peso del hielo (en las partes más profundas "hielo fósil") (en la Antártida llega a tener 2 000 m de espesor) provoca que la superficie de la litosfera bajo el hielo se encuentre en una buena parte bajo el nivel del mar. El hielo glaciar puede ser visto como una roca sólida que contribuye a la estructura de la corteza y condiciona su equilibrio isostático.

Durante los períodos glaciales, la extensión de las capas de hielo se amplía considerablemente: en el Würm o wurmiense, los casquetes se extendieron por Europa y Norteamérica hasta unos 45º grados de latitud.

Durante los períodos cálidos interglaciales, el retroceso de las capas de hielo deja señaladas huellas en el relieve de las tierras emergidas. 

En primer lugar, se produce por isostasia una lenta elevación del territorio que ha estado bajo el hielo, y se presentan formaciones geofísicas características: escudos —extensas planicies y llanuras debidas a la fuerte erosión que causa la capa de hielo al avanzar y retroceder—. Esto se aprecia especialmente en el hemisferio norte, en donde destacan el Escudo Canadiense y el Escudo Báltico, lagos glaciares, colinas morrénicas (especialmente drumlins), valles de origen glaciar, fiordos, firths, rías, gigantescos cantos rodados y —como ocurre en la Patagonia argentina— picachos aislados (antiguos nunataks) llamados chihuidos.


El ser humano siempre ha sentido una atracción invencible hacia lo desconocido, y se ha entregado en cuerpo y alma a descorrer los velos del misterio allí donde estuvieren, sin detenerse ante los peores peligros y ni aún ante la posibilidad de enfrentar la muerte.

Las cumbres más altas del planeta, los desiertos más hostiles, los ríos cuyas fuentes nunca se han mostrado al hombre, las civilizaciones más inaccesibles y… los Polos, con sus nieves eternas y su blancura infinita que arrebata la razón y puebla el horizonte de espejismos no menos engañosos que aquellos con los que el desierto tienta a los osados que pretenden penetrar sus secretos.

Muchos han sido los hombres que se han aventurado a explorar los Polos de la Tierra. De todos ellos el más conocido y a quien la fama ha aureolado más es el noruego Roald Amundsen, verdadero titán cuyas hazañas están escritas en el Libro de Oro de la especie humana. Sin embargo, ha sido el norteamericano Richard Evelyn Byrd quien se ha convertido en una fuente de leyendas fascinantes sobre el Ártico, aunque hoy se le recuerda poco y mal, y sus testimonios sobre lo que vio en esas regiones despobladas no gozan de credibilidad.

Ciertamente, desde la Antigüedad los Polos aparecen sugeridos en las tradiciones de algunas culturas ancestrales en las que se hace referencia a una época remotísima en que el eje terrestre no estaba inclinado como hoy, sino que era perpendicular, y el clima era bien diferente del que conocemos.

Se dice que en aquel tiempo los Polos eran regiones verdes y fértiles muy pobladas y con una flora y una fauna muy ricas, y el mayor desierto del planeta, el Sahara, era un vergel donde muy bien pudo haber estado el Jardín del Edén del que hablan no solo la Biblia, sino también otros libros inaugurales que hacen referencia a una región paradisíaca cruzada por muchos ríos.

Ciertas pinturas rupestres de Tassili in Assier, en el Sahel, norte de África, muestran hombres remando en barcas, y es mundialmente conocida la Cueva de los Nadadores gracias al filme El paciente inglés, donde muchas pinturas muestran hombres que nadan en una corriente pletórica. Cuentan las leyendas que el choque de un gran cuerpo celeste con la Tierra provocó la inclinación del eje terrestre, y trajo por consecuencia un cambio climático que despobló esas regiones tan fértiles convirtiéndolas en las inmensas extensiones estériles y desoladas que vemos en la actualidad.

Otra versión del gran cataclismo es mundialmente célebre y habla del hundimiento de un inmenso continente, la Atlántida, hecho del que, si bien existen ciertos hallazgos arqueológicos, estos no son lo suficientemente contundentes como para ir más allá de la comprobación de un terremoto portentoso que hizo desaparecer en el mar algunas tierras, y cuyos efectos, en forma de maremotos y nubes de ceniza que oscurecieron una vasta zona de Europa y África, quedaron plasmados en las primeras formas literarias del pasado como alusiones a un gran diluvio e inundaciones que aniquilaron una gran parte de la humanidad y modificaron la geografía terrestre.

La historia del capitán Byrd (Winchester, Virginia, 25 de octubre de 1888Boston, Massachusetts, 11 de marzo de 1957), se relaciona con estas leyendas y con otra que se deriva de ellas: la existencia de la Tierra Hueca, una serie de túneles y ciudades subterráneas donde supuestamente se habrían refugiado algunos grupos sobrevivientes del gran cataclismo, mientras que otros habrían llegado en sus embarcaciones a algunos puntos de Tierra firme como Egipto y hasta las costas de Yucatán, según afirman los libros sagrados del Popol Vuh y el Chilám Balám. Estos sobrevivientes habrían pertenecido a una humanidad anterior a la nuestra, probablemente del período terciario, por lo que tendrían características biogenéticas diferentes de las nuestras. En algunas versiones de la Tierra Hueca, esta “humanidad” sería un residuo de razas extraterrestres que fueron las primeras en poblar nuestro planeta.

Sin embargo, el capitán Byrd en sus comienzos era un hombre común aunque reputado por su gran valor personal, un militar norteamericano como tantos otros, un aviador que en 1925 realizó su primer vuelo sobre la isla Ellesmere partiendo desde una base en Groenlandia. El éxito del vuelo le hizo concebir el deseo de alcanzar el Polo Norte con su avión. Un año después voló sobre Kingsbay (ahora Ny-Alesund), Spitsbergen (Svalbard) a bordo de un monoplano Fokker, llevando como copiloto a Floyd Bennett.

A su regreso afirmó haber volado sobre el Polo Norte y anunció su intención de hacerlo también sobre el Polo Sur. Su hazaña le otorgó celebridad y financiamiento para llevar a cabo sus planes, que materializó en 1928. En esa ocasión partió de un campamento base ubicado en la punta norte de la isla Roosevelt, en el mar de Ross. Allí permaneció catorce meses preparando su proyecto. Finalmente voló en 1929. El descubrió la tierra que se llama Mary Byrd Land e importantes cadenas montañosas y exploró la tierra de Eduardo VII.

Como le había ocurrido a tantos otros antes que él, el tema de los Polos se le convirtió en una obsesión. Organizó otras tres expediciones entre 1939 y 1955, en las que utilizó, además, de aviones, helicópteros y submarinos, lo que permitió un conocimiento mucho más preciso sobre la Antártida y estableciendo su continentalidad. Le fue erigido un busto en la Base McMurdo, Isla de Ross, (Antártida).

Byrd también organizó la Operación Highjump, cuya denominación oficial era The United States Navy Antarctic Developments Program, o Programa de Desarrollos Antárticos de la Armada de los Estados Unidos. Se trataba de una serie de maniobras militares que tenían por objeto probar equipos militares y tropa en condiciones antárticas. Estas maniobras tendrían continuidad con la Operación Windmill (1947-1948) y la Operación Deep Freeze (1955-1956). Byrd peleó en las dos Guerras Mundiales y durante su vida de servicio como militar mereció numerosas condecoraciones que hablan de su gran prestigio en el Ejército de su país. Los hechos de su vida apuntan más a que fue un valeroso hombre de acción más que un fantasioso.

En uno de sus vuelos sobre el Polo Norte, realizado en 1947, ostentando Byrd el grado de Contralmirante de la Marina de los Estados Unidos, voló una vez más al Polo Norte. A su regreso reportó cómo mientras volaba a 1 700 millas de altitud detectó una entrada por la que se introdujo con su avión. Escribió que una vez en el interior de la Tierra voló sobre montañas, lagos, ríos, y vio vegetación verde y vida animal, entre la que detectó unos mamíferos que le parecieron monstruosos y semejantes a los mamuts que se desplazaban entre la maleza. Encontró ciudades y una próspera civilización, y al final su aeronave fue saludada por máquinas voladoras de un tipo que nunca había visto antes, y que le acompañaron a un lugar de aterrizaje seguro donde fue recibido por dignatarios de aquel mundo subterráneo, quienes le aseguraron que le habían mostrado el acceso hasta ellos en reconocimiento a su gran valor y sentido ético. Afirmaron estar muy preocupados por su supervivencia debido a las bombas nucleares arrojadas por los norteamericanos en Japón, y creían llegado el momento de hacer contacto con la raza humana a fin de impedir que se autodestruyera y acabara también con aquel floreciente mundo subterráneo que vivía en paz. Cuando dieron por terminada la entrevista, aquellos seres le acompañaron de nuevo a la salida.

En 1956 Byrd dirigió una expedición al Polo Sur en la que aseguró haber penetrado 2 300 millas hacia el centro de la Tierra. A su regreso declaró la existencia de una Tierra Hueca de la cual los Polos solo son dos entradas de acceso, habiendo muchas más en otros untos del planeta. Afirmó que aquella Tierra Hueca tiene su propio sol.

Siempre se ha dicho que las revistas norteamericanas Platillos volantes y la muy prestigiosa y mundialmente célebre Nathional Geographic Magazine publicaron artículos sobre los descubrimientos de Byrd, pero todos los ejemplares fueron destruidos por el Gobierno de los Estados Unidos.

Esta historia más que fabulosa ha alimentado considerablemente la leyenda de una Tierra Hueca, que no fue inventada por Byrd, sino que existe desde siempre en numerosas cosmogonías primitivas, y fue muy explotada por los ideólogos nazis, quienes basaron en ella varias teorías para validar sus oscuros enfoques místicos sobre la ciencia y la naturaleza, y demostrar así la existencia de la fabulosa ciudad de Agarthi, cuna de una raza de señores de donde habrían salido los arios, la raza superior a la que, decían, pertenecían los alemanes.

¿Reportó Byrd ciertamente todo lo que se le atribuye con respecto a un inframundo poblado por una raza medio alienígena y medio humana creadora de una alta tecnología, o se trató de una apropiación de sus hazañas por parte de los fanáticos de una de las más fascinantes teorías conspiracionistas de todos los tiempos? Hoy, en los medios científicos de los Estados Unidos, algunos grupos dudan de que, en realidad, Byrd haya volado alguna vez sobre el Polo Norte. Estas dudas se confirmaron cuando en 1996 fue hallado su diario de vuelo, en el que las anotaciones del sextante parecían haber sido borradas y sobrescritas con datos que luego aparecieron en el informe oficial de este explorador de los Polos. Pero cuesta trabajo creer en la mendacidad de un militar cubierto de medallas y que aportó tanto al conocimiento geográfico y climático de zonas de la Tierra que ocupan un lugar impresionante en el imaginario de la Humanidad.

La historia de Richar Evelyn Byrd ilustra perfectamente la importancia que siempre han tenido los Polos terrestres en el pensamiento tanto científico como mágico de la Humanidad, y sirve, junto a la de otros muchos exploradores de esas regiones, para entender por qué hoy, precisamente cuando la parte sensata de la Humanidad tiembla ante los efectos inminentes de un cambio climático cuya irreversibilidad ya parece independiente de la voluntad humana, algunos sectores vinculados a la alta política y a la ciencia puesta al servicio de los grandes capitales se frotan las manos de placer imaginando todas las ventajas que podrían obtener, en muchos campos, del deshielo de los casquetes polares.

Una vez más la especulación y la fantasía coquetean con el pensamiento mágico, pues magia tendría que hacerse para que la humanidad pudiera sobrevivir a los efectos del calentamiento global: inviernos polares sobre todo el planeta, extinción de la mayor parte de la flora y la fauna que hoy conocemos, desaparición bajo las aguas de un elevado número no solo de tierras costeras, sino de ciudades de primerísimo importancia alejadas del mar, envenenamiento de la atmósfera por dióxido de carbono, metano y otros gases incompatibles con la vida, desaparición del efecto albedo y otros muchos males que se avecinan sobre nuestro planeta y todas las especies que hoy, todavía, lo pueblan.




viernes, 23 de febrero de 2018


Gamma Radiation

Gamma radiation is one of the three types of natural radioactivity. Gamma rays are electromagnetic radiation, like X-rays. The other two types of natural radioactivity are alpha and beta radiation, which are in the form of particles. Gamma rays are the most energetic form of electromagnetic radiation, with a very short wavelength of less than one-tenth of a nanometer.

Gamma radiation is the product of radioactive atoms. Depending upon the ratio of neutrons to protons within its nucleus, an isotope of a particular element may be stable or unstable. When the binding energy is not strong enough to hold the nucleus of an atom together, the atom is said to be unstable. Atoms with unstable nuclei are constantly changing as a result of the imbalance of energy within the nucleus. Over time, the nuclei of unstable isotopes spontaneously disintegrate, or transform, in a process known as radioactive decay. Various types of penetrating radiation may be emitted from the nucleus and/or its surrounding electrons. Nuclides which undergo radioactive decay are called radionuclides. Any material which contains measurable amounts of one or more radionuclides is a radioactive material.

Types Radiation Produced by Radioactive Decay 
When an atom undergoes radioactive decay, it emits one or more forms of radiation with sufficient energy to ionize the atoms with which it interacts. Ionizing radiation can consist of high speed subatomic particles ejected from the nucleus or electromagnetic radiation (gamma-rays) emitted by either the nucleus or orbital electrons.

Alpha Particles
Certain radionuclides of high atomic mass (Ra226, U238, Pu239) decay by the emission of alpha particles. These alpha particles are tightly bound units of two neutrons and two protons each (He4 nucleus) and have a positive charge. Emission of an alpha particle from the nucleus results in a decrease of two units of atomic number (Z) and four units of mass number (A). Alpha particles are emitted with discrete energies characteristic of the particular transformation from which they originate. All alpha particles from a particular radionuclide transformation will have identical energies.

Beta Particles
A nucleus with an unstable ratio of neutrons to protons may decay through the emission of a high speed electron called a beta particle. This results in a net change of one unit of atomic number (Z). Beta particles have a negative charge and the beta particles emitted by a specific radionuclide will range in energy from near zero up to a maximum value, which is characteristic of the particular transformation.

Gamma-rays
A nucleus which is in an excited state may emit one or more photons (packets of electromagnetic radiation) of discrete energies. The emission of gamma rays does not alter the number of protons or neutrons in the nucleus but instead has the effect of moving the nucleus from a higher to a lower energy state (unstable to stable). Gamma ray emission frequently follows beta decay, alpha decay, and other nuclear decay processes.

Gamma-rays were first observed in 1900 by French chemist Paul Villard when he was investigating radiation from radium, according to NASA. A few years later, New Zealand-born chemist and physicist Ernest Rutherford proposed the name "gamma-rays," following the order of alpha-rays and beta-rays — names given to other particles observed from nuclear radiation — and the name stuck.
Gamma-ray sources and effects

Gamma-rays are produced primarily by four different nuclear reactions: fusion, fission, alpha decay and gamma decay. Nuclear fusion is the reaction that powers the sun and stars. It occurs in a multistep process in which four protons, or hydrogen nuclei, are forced under extreme temperature and pressure to fuse into a helium nucleus, which comprises two protons and two neutrons. The resulting helium nucleus is about 0.7 percent less massive than the four protons that went into the reaction. That mass difference is converted into energy according to Einstein's famous equation E = mc2, with about two-thirds of that energy emitted as gamma-rays. (The rest is in the form of neutrinos, which are extremely weakly interacting particles with nearly zero mass.) In the later stages of a star's lifetime, when it runs out of hydrogen fuel, it can form increasingly more massive elements through fusion up to and including iron, but these reactions produce a decreasing amount of energy at each stage. 

Another familiar source of gamma-rays is nuclear fission. Lawrence Berkeley National Laboratory defines nuclear fission as "the splitting of a heavy nucleus into two roughly equal parts (which are nuclei of lighter elements), accompanied by the release of a relatively large amount of energy in the form of kinetic energy of the two parts and in the form of emission of neutrons and gamma-rays." In this process, heavy nuclei, such as uranium and plutonium, are broken into smaller elements, such as xenon and strontium, in collisions with other particles. The resulting particles from these collisions can then impact other heavy nuclei, setting up a nuclear chain reaction. Energy is released because the combined mass of the resulting particles is less than the mass of the original heavy nucleus. That mass difference is converted to energy according to E = mc2 in the form of kinetic energy of the smaller nuclei, neutrinos and gamma-rays. 

Other sources of gamma-rays are alpha decay and gamma decay. Alpha decay occurs when a heavy nucleus gives off a helium-4 nucleus, reducing its atomic number by 2 and its atomic weight by 4. This process can leave the nucleus with excess energy, which is emitted in the form of a gamma-ray. Gamma decay occurs when there is too much energy in the nucleus of an atom, causing it to emit a gamma-ray without changing its charge or mass composition. 
Gamma-ray therapy

Gamma-rays are sometimes used to treat cancerous tumors in the body by damaging the DNA of the tumor cells. However, great care must be taken because gamma-rays can also damage the DNA of surrounding healthy tissue cells. One way to maximize the dosage to cancer cells while minimizing the exposure to healthy tissues is to direct multiple gamma-ray beams from a linear accelerator, or linac, onto the target region from many different directions. This is the operating principle of the CyberKnife and the Gamma Knife. According to the Mayo Clinic website, "In Gamma Knife radiosurgery, specialized equipment focuses close to 200 tiny beams of radiation on a tumor or other target. Although each beam has very little effect on the brain tissue it passes through, a strong dose of radiation is delivered to the site where all the beams meet."
Gamma-ray astronomy

One of the more interesting sources of gamma-rays is gamma-ray bursts (GRBs). These are extremely high-energy events that last only a few milliseconds to several minutes. They were first observed in the 1960s, and they are now observed somewhere in the sky about once a day. 

"For a long time, it was believed that GRBs must come from within our own galaxy," the University of California, Berkeley website states. "It seemed impossible that they could be much more distant — for a gamma-ray burst to have come from a distant galaxy, it would have to be incredibly powerful to explain its observed brightness." We now know that most GRBs actually do come from galaxies that are more than 100 million to billions of light-years away. 

According to Robert Patterson, a professor of astronomy at Missouri State University, GRBs were once thought to come from the last stages of evaporating mini black holes. They are now believed to originate in collisions of compact objects such as neutron stars. Other theories attribute these events to the collapse of supermassive stars to form black holes. In either case, GRBs can produce enough energy that, for a few seconds, they can outshine an entire galaxy. Because the Earth's atmosphere blocks most gamma-rays, observations are typically conducted using high-altitude balloons and orbiting telescopes.


The Atomic Bombings of Hiroshima and Nagasaki

Radiation Injuries

The radiations from the nuclear explosions which caused injuries to persons were primarily those experienced within the first second after the explosion; a few may have occurred later, but all occurred in the first minute. The other two general types of radiation, viz., radiation from scattered fission products and induced radioactivity from objects near the center of explosion, were definitely proved not to have caused any casualties.

The proper designation of radiation injuries is somewhat difficult. Probably the two most direct designations are radiation injury and gamma ray injury. The former term is not entirely suitable in that it does not define the type of radiation as ionizing and allows possible confusion with other types of radiation (e.g., infra-red). The objection to the latter term is that it limits the ionizing radiation to gamma rays, which were undoubtedly the most important; but the possible contribution of neutron and even beta rays to the biological effects cannot be entirely ignored. Radiation injury has the advantage of custom, since it is generally understood in medicine to refer to X-ray effect as distinguished from the effects of actinic radiation. Accordingly, radiation injury is used in this report to mean injury due only to ionizing radiation.

According to Japanese observations, the early symptons in patients suffering from radiation injury closely resembled the symptons observed in patients receiving intensive roentgen therapy, as well as those observed in experimental animals receiving large doses of X-rays. The important symptoms reported by the Japanese and observed by American authorities were epilation (lose of hair), petechiae (bleeding into the skin), and other hemorrhagic manifestations, oropharyngeal lesions (inflammation of the mouth and throat), vomiting, diarrhea, and fever.

Epilation was one of the most spectacular and obvious findings. The appearance of the epilated patient was typical. The crown was involved more than the sides, and in many instances the resemblance to a monk's tonsure was striking. In extreme cases the hair was totally lost. In some cases, re-growth of hair had begun by the time patients were seen 50 days after the bombing. Curiously, epilation of hair other than that of the scalp was extremely unusual.

Petechiae and other hemorrhagic manifestations were striking findings. Bleeding began usually from the gums and in the more seriously affected was soon evident from every possible source. Petechiae appeared on the limbs and on pressure points. Large ecchymoses (hemorrhages under the skin) developed about needle punctures, and wounds partially healed broke down and bled freely. Retinal hemorrhages occurred in many of the patients. The bleeding time and the coagulation time were prolonged. The platelets (coagulation of the blood) were characteristically reduced in numbers.

Nausea and vomiting appearing within a few hours after the explosion was reported frequently by the Japanese. This usually had subsided by the following morning, although occasionally it continued for two or three days. Vomiting was not infrequently reported and observed during the course of the later symptoms, although at these times it generally appeared to be related to other manifestation of systemic reactions associated with infection.

Diarrhea of varying degrees of severity was reported and observed. In the more severe cases, it was frequently bloody. For reasons which are not yet clear, the diarrhea in some cases was very persistent.

Lesions of the gums, and the oral mucous membrane, and the throat were observed. The affected areas became deep red, then violacious in color; and in many instances ulcerations and necrosis (breakdown of tissue) followed. Blood counts done and recorded by the Japanese, as well as counts done by the Manhattan Engineer District Group, on such patients regularly showed leucopenia (low-white blood cell count). In extreme cases the white blood cell count was below 1,000 (normal count is around 7,000). In association with the leucopenia and the oropharyngeal lesions, a variety of other infective processes were seen. Wounds and burns which were healing adequately suppurated and serious necrosis occurred. At the same time, similar ulcerations were observed in the larynx, bowels, and in females, the gentalia. Fever usually accompanied these lesions.

Eye injuries produced by the atomic bombings in both cities were the subject of special investigations. The usual types of mechanical injuries were seen. In addition, lesions consisting of retinal hemorrhage and exudation were observed and 75% of the patients showing them had other signs of radiation injury.

The progress of radiation disease of various degrees of severity is shown in the following table:

Summary of Radiation Injury
Clinical Symptoms and Findings
Day 
after 
Explosion Most Severe Moderately Severe Mild

1. 1. Nausea and vomiting after 1-2 hours. 1. Nausea and vomiting after 1-2 hours. 

------
2. ------ ------ ------
3. NO DEFINITE SYMPTOMS
4. ------ ------ ------
5. 2. Diarrhea ------ ------
6. 3. Vomiting NO DEFINITE SYMPTOMS ------
7. 4. Inflammation of the mouth and throat ------ ------
8. 5. Fever ------ ------
9. 6. Rapid emaciation ------ ------
10. Death (Mortality probably 100%) ------ NO DEFINITE SYMPTOMS
11. ------ 2. Beginning epilation. ------
12. ------ ------ ------
13. ------ ------ ------
14. ------ ------ ------
15. ------ ------ ------
16. ------ ------ ------
17. ------ ------ ------
18. ------ 3. Loss of appetite and general malaise. ------
19. ------ ------ 1. Epilation
20. ------ 4. Fever. 2. Loss of appetite
21. ------ 5. Severe inflammation and malaise of the mouth and throat ------
22. ------ ------ 3. Sore throat.
23. ------ ------ 4. Pallor.
24. 

------ ------ 5. Petechiae
25. ------ ------ 6. Diarrhea
26. ------ ------ 7. Moderate emaciation.
27. ------ 6. Pallor. ------
28. ------ 7. Petechiae, diarrhea and nose bleeds (Recovery unless complicated by previous poor health or super-imposed injuries or infection). ------
29. ------ ------ ------
30. ------ ------ ------
31. ------ 8. Rapid emaciation Death (Mortality probably 50%) ------


It was concluded that persons exposed to the bombs at the time of detonation did show effects from ionizing radiation and that some of these patients, otherwise uninjured, died. Deaths from radiation began about a week after exposure and reached a peak in 3 to 4 weeks. They practically ceased to occur after 7 to 8 weeks.

Treatment of the burns and other physical injuries was carried out by the Japanese by orthodox methods. Treatment of radiation effects by them included general supportative measures such as rest and high vitamin and caloric diets. Liver and calcium preparations were administered by injection and blood transfusions were used to combat hemorrhage. Special vitamin preparations and other special drugs used in the treatment of similar medical conditions were used by American Army Medical Corps officers after their arrival. Although the general measures instituted were of some benefit no definite effect of any of the specific measures on the course of the disease could be demonstrated. The use of sulfonamide drugs by the Japanese and particularly of penicillin by the American physicians after their arrival undoubtedly helped control the infections and they appear to be the single important type of treatment which may have effectively altered the earlier course of these patients.

One of the most important tasks assigned to the mission which investigated the effects of the bombing was that of determining if the radiation effects were all due to the instantaneous discharges at the time of the explosion, or if people were being harmed in addition from persistent radioactivity. This question was investigated from two points of view. Direct measurements of persistent radioactivity were made at the time of the investigation. From these measurements, calculations were made of the graded radiation dosages, i.e., the total amount of radiation which could have been absorbed by any person. These calculations showed that the highest dosage which would have been received from persistent radioactivity at Hiroshima was between 6 and 25 roentgens of gamma radiation; the highest in the Nagasaki Area was between 30 and 110 roentgens of gamma radiation. The latter figure does not refer to the city itself, but to a localized area in the Nishiyama District. In interpreting these findings it must be understood that to get these dosages, one would have had to remain at the point of highest radioactivity for 6 weeks continuously, from the first hour after the bombing. It is apparent therefore that insofar as could be determined at Hiroshima and Nagasaki, the residual radiation alone could not have been detrimental to the health of persons entering and living in the bombed areas after the explosion.

The second approach to this question was to determine if any persons not in the city at the time of the explosion, but coming in immediately afterwards exhibited any symptoms or findings which might have been due to persistence induced radioactivity. By the time of the arrival of the Manhattan Engineer District group, several Japanese studies had been done on such persons. None of the persons examined in any of these studies showed any symptoms which could be attributed to radiation, and their actual blood cell counts were consistently within the normal range. Throughout the period of the Manhattan Engineer District investigation, Japanese doctors and patients were repeatedly requested to bring to them any patients who they thought might be examples of persons harmed from persistent radioactivity. No such subjects were found.

It was concluded therefore as a result of these findings and lack of findings, that although a measurable quantity of induced radioactivity was found, it had not been sufficient to cause any harm to persons living in the two cities after the bombings.

Norepinefrina

NORADRENALINA o NOREPINEFRINA

Los términos noradrenalina (del latín) y norepinefrina (derivado del griego) son intercambiables, siendo el primero más común en la mayor parte del mundo. Sin embargo, para evitar confusión y obtener consistencia, las autoridades médicas han promovido la norepinefrina como la nomenclatura favorecida.
Una de las funciones más importantes de la norepinefrina es su rol como neurotransmisor. Es liberada de las neuronas simpáticas afectando el corazón. Un incremento en los niveles de norepinefrina del sistema nervioso simpático incrementa el ritmo de las contracciones.

Como hormona del estrés, la norepinefrina afecta partes del cerebro tales como la amígdala cerebral, donde la atención y respuestas son controladas. Junto con la epinefrina, la norepinefrina también subyace la reacción de lucha o huida, incrementando directamente la frecuencia cardiaca, desencadenando la liberación de glucosa de las reservas de energía, e incrementando el flujo sanguíneo hacia el músculo esquelético. Incrementa el suministro de oxígeno del cerebrocerebro. La norepinefrina también puede suprimir la neuroinflamación cuando es liberada difusamente en el cerebro por el locus coeruleus.

Cuando la norepinefrina actúa como droga, incrementa la presión sanguínea al aumentar el tono vascular (el grado de tensión del músculo liso vascular que conforma las paredes de los vasos sanguíneos) a través de la activación del receptor adrenérgico-α. El resultado de la creciente resistencia vascular desencadena un reflejo compensatorio que supera el efecto homeostático de aquel incremento en el corazón, llamado reflejo barorreceptor, que de lo contrario resultaría en una caída en la frecuencia cardíaca llamada bradicardia refleja.

La noradrenalina se biosintetiza a partir de la dopamina en las vesículas o depósitos de almacenamiento. La cadena de transformaciones es la siguiente: En un primer paso, la tirosina se convierte en DOPA por la acción de la tirosina hidroxilasa. La DOPA se convierte en dopamina en las vesículas de almacenamiento. Finalmente, y por la acción intravesicular de la dopamina beta-hidroxilasa, se transforma en noradrenalina. Es liberada por la médula suprarrenal en el torrente sanguíneo como una hormona, y también es un neurotransmisor en el sistema nervioso central y sistema nervioso simpático donde es liberada por neuronas noradrenérgicas en el locus coeruleus. Las acciones de la norepinefrina se llevan a cabo a través de la unión a los receptores adrenérgicos.

Siete funciones de la Norepinefrina son:

1.- La noradrenalina tiene una especial implicación en el mantenimiento de la atención, provocando una activación excitatoria en la corteza cerebral que facilita la vigilancia del entorno que nos rodea. De este modo, el cerebro selecciona información relevante y la separa de la irrelevante para mejorar su rendimiento al momento de realizar actividades orientadas hacia un objetivo. Esta excitación es llevada a cabo mediante la actuación de noradrenalina en el la amígdala, entre otras zonas.
2. Otro de los elementos en los que la noradrenalina participa es en el mantenimiento del estado de vigilia y el nivel de conciencia, debido a su acción principalmente excitatoria en la corteza cerebral; una disminución en los niveles de este neurotransmisor puede causar somnolencia y dificultades de actuación ante estímulos concretos.
Este neurotransmisor interviene sobre el modo en el que se experimenta la propia consciencia y subjetividad, como también se deja notar en aspectos objetivos, como el modo en el que gestionamos nuestro foco atencional y, por consiguiente, de qué modo rendimos a la hora de realizar tareas. Ambos procesos están ligados, ya que no puede haber gestión de la atención si no hay consciencia.
3. La participación de la noradrenalina no se limita a la transmisión de mensajes cerebrales, sino que también presenta un efecto en los músculos cardíacos. Actúa elevando la frecuencia cardíaca y el tono vascular, produciendo un aumento de la presión sanguínea. Una disminución del nivel de noradrenalina puede provocar hipotensión, bradicardia e hipotermia.

Esta es una de las formas en las que la noradrenalina ejerce una función sobre nuestro cuerpo a través del sistema nervioso autónomo, encargado de realizar las actividades automáticas vinculadas a la supervivencia en tiempo real.
4. Otra de sus funciones la realiza principalmente en el núcleo que la sintetiza, el locus coeruleus la noradrenalina está fundamentalmente encargado de mantener la respuesta de lucha y huida. En este sentido produce un incremento del flujo de sangre hacia el sistema muscular, permitiendo la actuación y favoreciendo respuestas motoras que en muchas situaciones pueden sacar de situaciones de peligro.
5. La noradrenalina tiene un efecto consistente en el estado motivacional y energético, participando activamente junto a la dopamina en la regulación del aprendizaje, memoria y sensación de recompensa. De este modo, esta neurotransmisor ayuda a que nuestras acciones tengan un vector, una direccionalidad marcada por objetivos a corto, medio y largo plazo.
6. Niveles bajos de noradrenalina se han visto vinculados de manera consistente en estados depresivos, siendo de hecho una de las hipótesis barajadas que la depresión es producida por un déficit en la síntesis y presencia en las sinapsis cerebrales de esta sustancia. Ello concuerda con la efectividad y con el hecho de que la privación de sueño realizada de forma controlada pueda resultar en algunos casos eficaz para reducir la sintomatología depresiva.

A la hora de tratar la depresión también se ha tenido en cuenta el papel de la noradrenalina. Un ejemplo claro de ello son los casos de depresión mayor, en que podemos encontrar fármacos como los Inhibidores Duales de la Recaptación de Serotonina y Noradrenalina con una muy elevada eficacia. Estos psicofármacos actúan impidiendo que la noradrenalina y serotonina disponible en las sinapsis sea reincorporada a la neurona, prolongando su presencia y efecto en la sinapsis.
7. Del mismo modo la noradrenalina ha mostrado en diversos estudios que tiende a comportarse como una hormona que participa de forma activa en el estrés debido a su actuación en el sistema nervioso simpático.

En el caso de la conducta sexual, esta hormona está implicada en la sensación de placer durante las relaciones, pero además presentan una función relevante en el momento del nacimiento de una nueva criatura, acelerando las contracciones y participando en el reflejo de expulsión del recién nacido.